Contando con el permiso de mi hoy querida amiga y con las advertencias sobre el patriarcado que van en Corazón Mío.
La beca me llegó cuando Corazón y yo nos detestábamos, y para sobrellevar los dos meses que estaba forzada a quedarse por el boleto con fecha fija de regreso a casa, textualmente produjo situaciones placenteras. A veces eran juegos y en otras exhibía sus tratos con amantes anteriores ya sin reservas. Aclaro esto último pues desde el inicio ellos sustentaron nuestra relación, como muestra Triple X:
Hablamos
del clima el día que al despedirse dejó un sobre en la mesa con una
docena de fotos en las más provocativas poses, y una nota que probaba
cuán transparente era mi perversión: ¿Quieres conocer con cuántos,
cuándo y cómo estuve?
Supe entonces, por ejemplo, la verdadera razón de que a su asesor universitario -siempre el poder obrando, ¿ven?- lo sorprendiera cómo desplegaba tales y cuáles destrezas. Era fantástico, pongamos, la forma en que se acercaba al sexo masculino imitando a una gata cuyo solo pícaro gesto bastaría para desquiciar a cualquier, tomándolo luego sin usar las manos.
Aquella beca que decidió hacerla quedar alentó la publicación de un libro, cuando todavía me resistía al trato cuyos términos le permitirían olvidarse de deudas conmigo.
Intento servir de instrumento para entender lo que por mi edad no debiera.
Repito y repito: vivo en el día tras la eternidad, conocido como "mañana". Sueño, luego existo, dice un lema al cual le hago honores.
El video debe verse porque de él parte esta viñeta.
Petirrojos tragando gusanos en plácidos domingos suburbanos es normal. No así la anciana que se sorprende al comprobarlo.
Hice Otro Terciopelo Azul mal siguiendo a David Lynch. Erraba en un sentido: el director no ve desde la posibilidad del cambio social. Yo sí y por ello terminé reconociendo al acoso como enfermedad originaria. Soy el único actor masculino aquí a la vista, los demás obran a oscuras, y estoy perdido casi sin remedio. Casi, digo, pues me esfuerzo en corregir y a veces lo consigo. Agradezco especialmente a Amiga, por el espaldarazo que fue para bien. A diferencia de las demás jóvenes a quienes tratan estos apuntes, no vino por extraños motivos (Estimadas, dos puntos): fue elegida -¿por qué?, es la pregunta que se responde con: No la conocía-. Gracias a ella también escribí Canserbero, que intrepreta al deseo como apuesta por la libertad. El petirrojo del clip representa al poder y su fuente patriarcal. Solo con Amiga (A) y Corazón Mío lo convoqué, si bien ésta llegó por los caminos trillados. ¿Cómo empezar? Usemos el sábado en que frente a la terminal camionera de una pequeña ciudad pedí a A besarme. Le extrañó, aunque luego dijera algo distinto, y lo hizo comedidamente. Tenía treinta y tres años y responsabilidades mayores y no veintuno como Tú, quien apenas entró a mi casa hizo otro tanto, ella sin rubores, mientras me abría la bragueta. ¿Qué compartían? Machos en mayor o menor medida clásicos y mujeres que a veces los introyectaban para su autodestrucción. Esperen, musicalizo, reproduzco un posible escenario entre muchos y presento a los personajes y sus representaciones cinematográficas.
El Angel Azul o Lupita-Marlene -jeje.
Yo o El viejo o B o Don, en dos papeles.
Profesor Rath
Jeffrey Beaumont. Bueno, aprovechemos para adelantar a otros dos protagonista, que en el clip aparecen al principio: Dorothy Vallens y Frank Booth. Aquél es el tercero, joven.
Termino con los actores masculinos ocultos y un poco de involuntario humor negro. Ahí están, Tierno Pedrito y Engolado Negrete.
Los restantes roles femeninos: Tú, Mía, Pasión, Triple X, Corazón mío, Predescible, Anónima, Imprecisable, Purple Rain. Otra alternativa musicalizadora son casi todas las canciones populares mexicanas siglo XX, dirigidas a un tiempo a la "indina, réproba mujer" y a "mi madrecita santa". Continúa la acción cortando a una privada, como llaman a la vecindad que transitó al condominio; su patio a cielo abierto y donde remata, el departamento del Viejo, obsesionado con pasiones amorosas. Junto a la ventana, escribe:
Era
con quien al fin cumplir el sueño y no sólo por su asombroso instinto
sexual (...)
Pasan los años y el Viejo escucha la notificación de su
celular. Es Tú o Anónima, según la nombra. Se envían mensajes
cálidos y ocurrentes a hora y media de distancia y entra una llamada. -¿Me abres? Es
ella, tiene veintiún años y el espíritu teatral mejor cultivado que B
conoce. Tres minutos después cuatro manos hurgan sexos, pechos, nalgas. -Vine para quedarme, con una promesa: que sea para siempre -dirá luego la joven. Y días más tarde: -Necesito tiempo. Él entenderá a medias hasta otro telefonazo al que Tú responde: -¿Un millón doscientos mil? Pero no es en Coyoacán. B pone el clip de la película que lo cautiva y vuelve a escribir: El hermoso petirrojo en placido domingo... Capitalismo del fin del mundo, llaman al que cursa. No puede narrarse con cantautores, perdona, Anónima. Nos asesinarán tan rápido, que no podrá verse nuestros cuerpos caer, cito de memoria palabras que Stanley Kubrick dijo al morir. Creciste
en una región donde "la muerte tiene permiso" -título que Edmundo
Valadez dio a su ingenioso cuento- ¿y crees que para vivir basta Calle
Melancolía? Nuestro Don se siente el profesor
Rath, despótico director de escuela cuyos modigeradas costumbres
hace trizas una vampiresa. -Yo llevo media docena -piensa sonriendo y da de vuelta al teclado: Tú invirtió los planos y cuesta trabajo despertar. ¿Despertar
a qué?, ¿a esta pesadilla llamada realidad? Sí, pues no la vivo o no
creo hacerlo.
De no ser tú, y lo sabes, seguiría jubilado en el mercado del amor y la carne. Solo si viene y me viola, escribí hace dos años, dejaré entrar a otra mujer. Conociendo los cuadernos, eso hizo Quien jamás pierde el estilo y repetiste su generoso acto. Eras perfecta para mis setenta y un años y, como con ella, tuve placer a manos llenas -exagerando alguito, jeje-. Lo demás se debe al inmejorable espíritu cómico-dramático que te distingue. Apenas
cumplidos los ventiuno, no te apenaban nuestros besos donde fuera y
cuadra tras cuadra recibía tus empujones que contestaba a patadas y
advertencias. -Sigue y esa pared atestiguará nuestra pasión a media tarde. Todo
a velocidad estelar, dos semanas después dije Adios pues no resistiría
forzosas ambigüedades. Pasaron doce horas y nuevamente el teléfono. -Estoy en tu casa y vine para quedarme. Los sueños no me daban el ancho y cuando te alcancé vino un remate que ahora comprendo copiabas también de Última función: -Hay un requisito: que sea para toda la vida. Casi de inmediato apareció un departamento en casi Coyoacán y volví al viejo lugar.
Al poco entendí: Estaba
equivocado. La joven musicalizaba estupendamente. Joaquín Sabina servía
tanto como la balada rocanrolera que el director escogió. Si con Tú,
aparecida en mi vejez durante cuatro intensísimas semanas, podría haber
protagonizado el papel del impoluto universitario que en Terciopelo
Azul se asomaba al abismo gracias a Isabella Rossellini, para más
justamente encarnarlo me identifiqué con el profesor
Rath, como bautizó un novelista a su personaje: viejo maestro ultra
auritario enamorado del Ángel Azul, reglamentaria vampiresa. Anómima,
como también le llamé, me mostró el apasionado caos de la adolecente
que debe saltar al vacío donde se hará mujer quizá para morir. Hacía el
tránsito detestando su historia anterior y la piel, el habla, la
sexualidad costeñas intentaban mediterranizarse. Parecía un elegante, hermoso caballerito
experto en encubrir intenciones y desarrollaba elaboradas formas de
seducción con viejos, a quienes muy temprano convirtió en objetos
predilectos. Intentaré
no banalizarla y recuerdo cuán por encima estaba de las contemporáneas
que cumplían papeles socialmente demandados. Era arte y si bien no podía
adelantarse dónde terminaría, tal vez incluso antes de "madurar", su
reflejo desnudaba apariencias. Lo supe cuando volvió añicos la mía. Pasan
los años hacia atrás o adelante en estos cuadernos que ahora no deben
traspasar mis cincuenta y ocho años, pues represento mi última función, y
encuentro a Mía. Las viñetas que le dediqué merecen recogerse y pronto
estarán por aquí. De momento su personaje se suma a lo no contado
entonces. Al despedirnos escribí: En
este viaje donde al deseo le cae dentellada tras dentellada, hemos
muerto otro poquito los dos. Yo, ya abuelo, cuando volteo a mirarme
encuentro casi puro hueso. Tú defiende tu hambre como perra, amor. Respondió preguntando si me refería a su anorexia. Sobraba decir algo. Estaba no menos atrapada que Dorothy Vallens, la protagonista en Terciopelo azul.
El amo no pertenecía al narcotrafíco, era un intelectual, y podía
asesinarla si así indicaban los informes de quienes ordenó su
vigilancia. Ella no tenía al hijo secuestrado, como Dorothy. Concedía por voluntad. -0- Solo una vez este viejo fue timado literalmentecomo el profesor Rath. Intratable, nombré a la joven que vivía en otra ciudad y me vendió su riesgo a ser desaparecida... y perversión. Alguien
muy cercano abusó de ella cuando niña. Adolescente ya, el tipejo, T,
quiso ir más lejos y a nuestra muchachita le sirvió de amparó un
condiscípulo en quien advertían rasgos psicopáticos. T
padecía equis enfermedad y ellos cambiaron el contenido del frasco al
cual debía acudir tres veces por día. Hospitalizado, encerrándolo bajo
llave por largo rato lo amenazaron con castrarlo, para terminar
copulando a su vista. Fui
un fiel, solidario compañero que buscaba ayuda para la joven a quien
sugirieron podía morir si seguía inmiscuyéndose en temas del crimen
organizado. No coincidían tiempos peligrosos y vacaciones para
materializar el amor platónico que sentía por un paisano mío y apeló al
apetito del sesentón. Alcanzó
la meta cuando, mientras sucedía, me participó el inquietante pasaje
sexual con una pareja. Que usaran de ella fue lo mejor. Al día siguiente
envié su boleto para viajar. El mundo de estas mujeres tenía toques infernales. Varias crecieron entre las clases aspiracionales. Tal
pertenecía a una familia próspera que educó a sus hijas mayores para
casarse con grandes empresarios o ejecutivos adinerados o ser
inteligentes en grados superlativos y vivir con académicos prestigiados.
En aquél conglomerado y sus entornos eran excepción las relaciones
sexuales donde se involucrara el piel contra piel y a cambio había
juegos de poder muy elaborados o grotescas adulteraciones -porno
aberrante, etc. Cual
creció en una colonia formada por trabajadoras y trabajadores
maquileros, cuya intimidad me asombraba pues conocí a muchas y muchos
como ellos que al luchar se volvieron ejemplares. Idealizaban a esos
Estados Unidos cuya basura produjo mil padecimientos y malformaciones en
sí mismos o sus crías y se tenían como reservas conservadoras del
sistema, empezando por normas que violaban sistemáticamente. Rendían
culto al narcotráfico y las relaciones extramaritales mal encubiertas, y
era peccata minuta si el hijo de una fue concebido gracias a drogas
para idiotizar al personal femenino, porque en resumidas cuentas su
esposo abusaría también y Dios celebraba siempre a los paridos. -0- ¿Cómo
hago, Mr. Lynch, para "cinematografiar" estas historias. No puedo
servirme de música, pues estoy sin blanca -me refiero a dinero; la trata
es otro cosa- y ni cómo qué pagarle a Baladementi y genial compañía. (Preste algo para el momento, don Niño.)
SIGUE *La cinta, El ángel azul, se basó en Profesor Untar, novela de Henrich Mann, hermano del genial Thomas. **El Amor, Marguerite Duras. *** David Lynch.
Si por casualidad entra aquí, Amiga: el proyecto puede continuar, sin que yo esté de por medio, como le dije. Nadie cerca mío conoce la historia.
Los ya doce años haciendo osos con jóvenes me mostró mundos insospechados y terribles. Viví siempre en los más o menos frescos ambientes de quienes luchan. Fuera de ellos, qué horror.
También exhibieron mis bajezas ocultas.
Vivimos sobre estercoleros y si se consigue transformar a la sociedad ahí seguirán.
Doscientos siglos son una carga pesadísima.
Llegamos a lo típico. Me dice Ya estuvo -Párele, pues, o le rompo la madre, jeje, -y yo la bloqueo.
Es una lástima pues por dos años fuimos buenos, lejanos amigos virtuales, me producía un particular respeto y encajamos apenas vernos para actividades conjuntas.
-Está que ni mandada hacer para muchas cosas como las que yo debería continuar y le serviré de puente -pensé, y sus compromisos personales animaban a alentarla.
Al día siguiente parecíamos complices apostando por el futuro, con un proyecto genial que se levantó en minutos.
-Para el resto de la vida -decía yo para mí sin saberlo e hice lo indebido: pedirle que me besara.
Aceptó comedidamente y se inició un intenso intercambio de mensajes.
Ella también estaba desbordada:
-Voy a su ciudad, con usted, el próximo viernes.
Por delante nuestro trabajo y la gran perspectiva que le veía, fue cocinándose algo más, atrabancado.
Nada es imposible y cualquier locura ha de aplaudirse, convinimos cada quien a su manera.
Había una dramática diferencia: ella estaba hecha para patear siempre que fuera o pareciera preciso, y yo soy un pacifista al cual solo las revoluciones provocan.
Luego sucedió eso sugerido aquí abajo y me enganché en la urgencia por su pasión.
No conseguí convencerla. Eso estaba en los sombrerazos a continuación, si bien procedí como debía.
Ni las luces le veré ya... por desgracia.
La pregunta a las ellas involucradas es porqué inician o, en este caso, acompañan el juego.
¿Mi quijositosis a qué equivale contemplándola a usted, Amiga? No fui yo quien prometió viajar o neceó con involucrar a una tercera persona aunque yo me resistía o señaló a posibles culplables de denunciar la publicación o... El viejo al menos hace cuentas y se reconoce en rojos. Vuestra señoría finge demencia. Previéndolo, escribí Deposición. Tan simpáticas que quedaron las dos primeras viñetitas, ahora borradas para no exhibirla. ¿Sabe?, no me equivocaba al llamar acoso a mi primera iniciativa. Lo razonable era denunciarme y en cambio precipitó el enredo. Asi fue forzándose a continuación y terminó cobrando de mala manera. Pagué. Por eso al final usted sentía tener todos los ases en la mano. Su caja registradora era un contento en whatsap, FB y donde se pudiera -¿Que es una pendeja la fulana? Entonces quiero verla, y a ti, con tu verga que seguro no vale nada junto a mis maravillosas nalgas-. Decía, en resumen: ¡Ten, viejo culero!, para que sigamos con lo que interesa. Intento reparar el daño irreparable porque dio donde más daño te hace. La vida así es mejor no vivirla. No, lo nuestro no se trata de torpeza, con estudios o sin ellos -equivocaste la bala, por cierto, pues tienes muchos más que yo.
El obvio fondo, debería llamarse esta parte.
No lo había hecho nunca, al menos durante mi tercera edad, pues quienes se acercaron antes tomaron la iniciativa. Aunque los elementos son los mismos, si miramos bien.
Esa joven me necesitaba para sacar adelante un inesperado proyecto que diseñé sin trampas. Besarme por pedido fue el principio. Luego animó la continuación, introyectando mi abuso y volviéndolo contra otra mujer, del modo más a propopósito: con sexo perverso.
He aquí al poder que obra sobre dos buenas personas para deformarlas.
Un recurso masculino, pues, operado en principio por quien históricamente lo aprovecha, ahora en la vejez que así cree ocultarse y echa mano de poderes cuyos procedencia es social.
Desafortunadamente esta y las demás historias del cuaderno son ciertas. Claro, están contadas por el viejo y no sabemos qué tan grotescas resultan para sus cointérpretes.
No abundo en la cuestión pues trato con ella cien veces.
Los sueños son hermosos, terribles o insustanciales. A mis vivencias amorosas no atinó cómo llamarlas y cuando despierto estoy a tal punto apenado que quisiera meterme en un hoyo por secula, seculorum, jeje.
Para algo servirán, me digo.
-En efecto. Un médico les sacará buen partido. Pregúntanos a nosotras y haremos cuantas precisiones necesites -dicen Mía y el etcétera que espero termine con Amiga, a quien aquí hago referencia.
Estos asuntos son como mi cabello. Frente al espejo se ve bien. Como no alcanzo a apreciar la coronilla... jeje.
Bueno, a final de cuentas me parezco al resto de los mortales. Todo bien hasta la calva, jeje.
Nunca vas en este cuaderno que debo emplear hoy, Tic, pues denunciaron el normal para ti. Importaría poco sino quisiera compartir tu diario. Traerlo aquí es un engorro. Luego le incoporaré lo de ahora. No nos vemos hace días AUTOCENSURADO. Recapitulo. Te conocí AUTOCENSURADO. Esta noción AUTOCENSURADO.
Tiempo después AUTOCENSURADO. Viniste en navidades AUTOCENSURADO. Continuar AUTOCENSURADO. -Conmigo o con otra AUTOCENSURADO. Eso rondaba mi cabeza cuando hallé a una joven que AUTOCENSURADO. La aventura prometía AUTOCENSURADO. Nos estrenamos, escribí Canserbero y al amanecer aquello era desatroso, jeje. AUTOCENSURADO. Omito detalles por un estúpido recato. Así vuelvo AUTOCENSURADO. (Odio estar en este blog. Sin nuestro diario todo suena a patraña. Bueno, para algo se hicieron los links, ¿no? Ahí va: Inesperada.)
No encuentro a nadie, Amiga, que sirva para contar nuestros dos últimos días, hoy suspendidos eternamente tal vez y para mutua desgracia. Bueno, Canserbero puede. Me dijeron que se suicidió y no consigo confirmarlo en nuestro big brother buscador. Fue Anónima quien lo trajo a esta casa y así la historia con ella tiene un plus que no le había reconocido. Bello loco, como las cuarenta y ocho horas donde nosotros buscamos. -Tengo ganas de verlos. Invítala. Te referías a X, cuyos impulsos sexuales estaban muertos por lo de siempre: hombres obrando como los criaron. Encontró en el viejo al que la dejaba expresarse, sin importar cuánto ella se rebajara, pues así volvía a su origen para exprimirlo, estrangulándolo si tal era el caso. Mana, no se daba cuenta de que podía y ayer llegó a un grado superior gracias a ti. "Querer queremos" lleva por título el rap. ¿Todo?, ¿verdad? Tú, ella, la amiga que rencontraste y yo apéndice. Debía vencer a esa terca inquisidora llamada razón, para regresar a tiempos de Corazón Mío. Empujabas y cedí al buen consejero: el deseo que me producías. Arriba y abajo en un Metro intercambié mensajes contigo y no desaparecía el alrededor: brillaba con sus mujeres y hombres cargando la loza que harán estallar al menor descuido. Fluir entre otros. No hay sensación parecida e invitándoles silenciosamente, levanté las calles de mi ciudad, que vi construirse contra nosotros. Y sé, positivamente sé, que hicieron caso, así parecieran tan quietos como siempre en sus asientos o arremolinados de pie. Pedí que hicieras tu parte y una compañera vino en ayuda. El moreno provocador de ambas y sus miradas seguras mostrando las lenguas acitarearon a este hombre instrumental y no. Apenas iniciándonos, la noche fue grito de libertad uno tras otro. Tímidos, bastaban sin agotarnos hasta que mensajes de voz, videos y fotos a cuentagotas llevaron a X adonde ni en sueños imaginaba. No resistía la urgencia de tenerte. "Solo se vive una vez", aseguran canciones que ayudaron a convertirnos en basura. Menuda estupidez. Todo es vida, ayer, mañana, hoy al voltear sin creer lo que anduve y cómo y así este sábado pletórico de jueves y viernes y cuanto no me tiene ahora y espera por mí. Nada logrará rendirme, ni tú, a la que una foto volvió manía. ¿Te resistirás a dármela según se debe? Está dentro de mí. Una pinche fotografía, y esa voz que dos escuchamos escurriéndonos por ella, hasta los albañales, pues los flujos, aseguran, quedan ahí, muriéndose en una sábana o un jabón, y corren engrosando el río de deseo satisfecho que nos salva. ¿SIGUE? SÍ, AUNQUE SE MARCHARA LA CONTRAPARTE. LA MANIPULACIÓN ES TAN CRIMINAL COMO LA INHIBICIÓN.
Con dos compases de por medio.
Aseguran que Canserbero se suicidó tras componer este rap sin concesiones: "Por su madre que no me van a parar". La sexualidad es arma que bate al gran enemigo: el asesino del deseo, escribo por ahí cuando marcha quien se proponía como cómplice. Hice mi Deposiciónante quien por naturaleza debe acompañarme en la guerra y rechazaba llamado por el pudor. -De acuerdo -le digo. -No puedo ser menos que ese desesperado rapero sin igual. Perdámonos, pues.
Cuando me asombré que, siguiendo consejos, una de ustedes negara sus tres años relacionados conmigo, no era por mi participación en ellos. Después le propuse borrarme del asunto y así recuperar la memoria sobre ese tiempo único, pues no cualquier día se andan otras tierras desde el interior ni se pone tal empeño en procurarlas. Vivía consecutivos traspiés amorosos -ella, claro; yo ni a eso llegaba- y ni loco pensé Estaría mejor aquí. Fui un error advertido, que se obcecó en cometer. Quien empezó los juegos equivocos era el mayor lío emocional del cual tenía noticia. Ahora al estilo redes sociales luce tan bien como entonces y, no importa cuánto hiciera por reinventarse, supura las mismas pústulas que transparentó para el en ese momento no tan viejo hombre. Hace poco le mandé un saludo sin respuesta. Fueron nueve, amigas, siempre por iniciativa suya, y según recuerdo no tengo cuenta de banco desde que fundaron HSBC, jeje. Solo la Tic, Corazón mío y La milagrosa me comparten, mucho o poco, los días. Hay buenas razones, creo. La vida marcha como querían. Odiar el cuerpo propio, por ejemplo, no se borra con olvidarse de una habitación rigurosamente a oscuras. Tampoco hay mágico acceso a departamento escriturado a nombre de la amnesia, jeje. ¿Que yo puedo presumir al menos grandes secuencias? Puestas en una balanza la desconchinflarían, jeje, pues fueron auténticas latas, compañeras. Tal cometió suicidio simbólico cortando el hermoso cabello que creció desde la pubertad, y diez minutos más tarde resplandecia gracias al criador y abuelo a quien entregaba su cuidado. Y Cual escapó de unas tijeras contra el vientre aconsejadas por las personales manos, merced también a los ojos admirados que presumo. De nada me deshago cuando entra en mi cabeza y por ustedes aprendí lo inconcebible para un mero buen samaritano, viejo de provincia aunque esto donde vive se llame Urbanilandia, jeje. Fueron amadas o profundamente respetadas, según el caso, y dejo pruebas al respecto. Y así soy menos peor que antes, como decimos en mis lares. No está incluida en el paquete La señito, por motivos que expliqué antes, si bien contribuyó a la enseñanza. Hoy puedo ver Mulholland Drive como es debido.
Vivo el presente perfecto de quien no tiene futuro, hizo las cuentas y salió tablas, siquiera. Vuestras excelencias ya no se cuencen al primer hervor y los tiempos les niegan su sonrisa, como a casi todos en este infierno posmoderno. Vayan con dios, pues solo puedo conservar el recuerdo de mis intenciones. En cuanto a "nuestros" momentos, ni suspiros quedan. Cargaron con ellos al mal marcharse creyendo que no hay sino el mañana cada vez más inalcanzable. Bienaventurados los viejos, dije tras la primera experiencia desafortunada. Cierto, ¿no? ¿Por qué, entonces, "las dejé entrar" -debería quitar las comillas, jeje-, generalmente sin esfuerzos? Me sentía fuera del mercado que mis otros cuadernos prueban servía como puerta al paraíso y o eran bonitas u ofertaban sexo sensacional -para cumplir como dios manda o más, jeje- o a lo simple permitían que anduviera de vuelta entre los vivos. Estaban en crisis o buscaban amparo o cercanía a la celebridad en torno mío o, sin más, querían un diario, jeje. Exagero con esta nota, considerando cuán comunes son los deslices insustanciales a cualquiera edad, entre iguales o disparejísimos, no importa, y, total, ni que nos fuera la vida en ello -y no copio al cantautor cuyo uso de una frase hecha delata como pariente mío. Plugiera al Señor dejarnos ser -lo inventaron para algo, ¿no?- y ya. Pero no: hay que trabajar, aunque no sirva para nada; "el infierno son los otros", como decían Sartre y Nabor, el sabio analfabeta, etcétera. -0- Durante esos años estuve platónicamente enamorado de varias mujeres seguras, bellas, inteligentes -véanse los perfiles que tienen Je (la tribuna se viene abajo en aplausos), Jessica, Itcya-, a quienes ni por asomos me insinué. Solo la ¿Me perdonas? recibió invitación para mis ingenuos juegos y aceptó el reto divertiéndose con un viejo simpático. No, no fueron elegidas, ladys en mientes. Entraron a la tómbola por sí mismas, jeje. Que algo anda muy mal en mí lo sabe hasta el loro del balcón a tres cuadras y por eso cuando pasó grita ¡Viejo loco!, ¡viejo loco!, ¡apeeestas!, jeje. Tocaron a esta puerta porque les dió su rechingada gana. Ahí cóbrenle los momentos perdidos al espejo donde se acicalan.
Como convine con la Inesperada que no habría más sexo, así ella generosamente propusiera continuarlo, paso horas fantaseando y se lo comunicó a mi face barrio. Al leerme, la nieta Clau, según le llamo, propone cambiar a taller al respecto unas charlas que daré a sus alumnos preparatorianos. -Sumémosle amor y lo endulzamos, ¿va? -contra ofertele. Responde que no, desde luego, y me da pretexto para venir a este cuaderno terminado. Mis prolíficos, placenteros sueños, aplican la carnalidad solo en sustento del amor eterno y, a cambio, despierto, doy rienda suelta a los más bajos instintos, jeje. Tengo tela de dónde cortar, según observan. El objeto es Corazón Mío, con quien en realidad no invento: recreo. -¿Le damos? -pregunto a la nieta sin alburearla, jeje. -Que sea taller, pues, a distancia, claro, y no para mis "niñxs". Ábrase, entonces. Sesiones 1. Antecedentes o perspectiva general sobre la relación. Material a emplear: dos viñetas correspondientes de este blog. 2. Las intenciones no materializadas como inmejorable fuente. Idea de conjunto y casos. 3. El doble placer que procura la perversión alentada con otros. Idem procedimiento. Desarrolo del segundo inciso: límites. Ella tenía once años en su tropical ciudad y novieó con un hombre que rondaba los treinta. Para efectos de ubicarme me pasó la foto que le tomaron a esa edad. -No soy pederasta, aclaré. -Ni quiero animarte a ello. ¿Continuó? -Por favor. -En tierras costeñas el despertar sexual es muy temprano. Tiempo después tuve por amigo a quien una niña campesina acosaba, literalmente. Era joven y guapo. -Los conozco viejos y feos en situación semejante. -Pero a él no sacaban dinero o televisiones o comida. -Da igual, ¿no? -¿Tú crees? -¿Cuántas historias conoces de pequeñas a las que tíos, hermanos, vecinos, padres, violentaron? -Muchas. -¿Esa niña no llegó a tu amigo tras experiencias por el estilo? -Quién sabe. -Supongamos que no. -Te diriges al mismo punto que yo. -Hubo sociedades tribales donde la familia era colectiva y en ceremonias formales sus púberes se volvían mujeres. No imagino circunstancias más benignas y aun así, Corazón, creo que había allí la confirmación del patricarco. Nada semejante escuché sobre jovencitos tomados por Ellas maduras. -Yo no soy historiadora. Me limito a entender que a los once, doce años, etcétera, no se tiene idea de cómo es el mundo. Aquél primer "novio" mío no procedió a violentarme, pero que temblé, temblé. Había algo extra: el secreto. ¿Cómo contarle a otros lo que pasaba? Así todo sucedería en las sombras. Cualquier día haría cuanto se le diera la gana conmigo, quien cargaría con los sentimientos culpígenos. -Para, Corazón, pues ahora comprendo que cuanto hicimos estuvo basado en eso. Quizá te liberabas de fantasmas, disfrutándolo. En todo caso nuestros juegos tenían detrás basura y más basura. Nieta, Clau, escribo. No habrá taller.
Hizo
un guiño y me acerqué con extrema prudencia. Pudiendo ser la más
pequeña de mis hijos le propuse el rol de tío con un toque pícaro,
asomando a la ventana de su cuarto mientras la familia dormía. Increíble
que yo no entendiera el juego si en cada visita a la hora prevista la
encontraba desnuda por casualidad.
Hablamos
del clima el día que al despedirse dejó un sobre en la mesa con una
docena de fotos en las más provocativas poses, y una nota que probaba
cuán transparente era mi perversión: ¿Quieres conocer con cuántos,
cuándo y cómo estuve?
En
la siguiente cita creyendo que dudaba ofreció hacerme su proxeneta. A
la manera de la secuencia aquí arriba dije ¡Esta es la chica! y la lancé
al estrellato de mis días. Excelente elección, hasta que salió de
estampida, a la manera de la otra aquí arriba.
En cuanto a mí comí tanta mierda como el tipo también en la secuencia.
Muy
David Lynch todo, no me extrañó luego que en el curriculum anexo al
desplegado de periódico solicitando amigos y novios, borrara nuestros
tres años juntos.
Habrá
que preguntarle al director si la historia da para un Mulholland Drive
II. Mi papel, claro, sería tan oscuro como el de ella. -0- El Mr. no respondió a mi propuesta sino cuando un paparazi, creo, le informó de un nuevo episodio.La
joven ida miles de kilómetros lejos, de paseo con su amante por mi
ciudad y a fin de ahorrarse el hotel me tocó a la puerta. Bastó una
mirada para ofrecerles una recámara, desde donde en pago y luego de
comprobar que su pareja dormía a pierna suelta, cada noche pasaba a mi
cama. Entonces conocí el paraíso. Escribo esto desde la fantástica locación que Lynch encontró para recrear la escena.
Agradezco a quienes entraron desde Colombia, aunque me parece que buscan algo aquí inencontrable.
-Soy trabajadora sexual, bailé provocativamente en un bar, dejando que los hombres me besaran, y al rogarles no penetrarme usaron sus puños -dice Judy Foster en la película donde encausa por violación a esos tipos y gana.
Escribí esto sin pedir permiso a Corazón Mío. La busqué cuando al leerlo me di cuenta de lo que en verdad sucedió y no solo en el momento.
Por supervivencia, una mujer necesita avanzar profesionalmente y sus circunstancias le cierran las puertas.
La atrae ese hombre y hasta puede quererlo. Se juntan, los planes no marchan y decide irse. Repentinamente él recibe un regalo que para ella significa ser o no ser en adelante. ¿Cómo convencerlo de cambiar la decisión si ahora apenas se soportan? Tiene a mano el recurso cuya magia conoce Monelle, desvalida entre desvalidos.
-Aprende a disfrutarlo -le dijeron expertas voces hace mucho.
¿Abusé?, me pregunto. Sin duda. Poder y necesidad fraguan y fraguan, en esta basura que creamos por los siglos de los siglos, amén.
Las hormonas, ya saben, son tortura para el viejo, y como por mínimo decoro cerré ese camino que mi Tic generosamente dejaba abierto, no queda sino recordar a quien representó el climax del deseo satisfecho. Jugamos a cuanto puedan imaginarse dos dementes en esa materia, partiendo de su oferta cuando la buena fortuna me llegó vestida de sustanciosa beca. Faltaban días para que ella marchara y cuando se enteró pidió quedarse. Le contesté lo normal: -Estás loca. Si me odias y odias al país. -¡Claro que no! -¿Entonces por qué compraste un boleto para el más próximo avión y querías matarme, jeje? Dijo tontería y media o a medias, pues ciertamente pesaba sobre todo su imposibilidad de entrar al doctorado que la trajo aquí. -¿No soñabas con hacerme tu odalisca, geisha, esclava o lo que fuera? Del resto hablé ya -bueno, también les conté eso anterior, creo, jeje-. Como sea, nos ubiqué, ¿no? Apenas empezábamos con los juegos mayores cuando dijo que le gustaría que se masturbaran viéndola andar por casa. -Debería ser un extraño o se repetiría el show acostumbrado -genial, por cierto. Nadie tenía tales recursos para modelar provocativamente. -Pues sí -respondió como redignada, aunque luego confesaría que un amigo o incluso su pareja servirían para el efecto. -Busquemos a alguien. Los ojos se le iluminaron. -¿Quién, por ejemplo? -Las lámparas, las sillas, la cañería, todo necesita una manita, ¿no? -¡Eeeh! -exclamó entre vueltitas de niña feliz. -Tú a solas. -Busca alguien, anda. Estaba realmente excitada, la oportunidad se le volvió apremio y tuve una inesperada retribución. Iré más rápido, porque el gusto por el detalle, que aprendí de ella, puede volver esto interminable, jeje. Escogí un carpintero de cuarenta años y buen aspecto y el día indicado fui al parque. Ella debía llamarme al terminar y pasaron tres horas cuya lentitud aumentaba a progresivos grados que apenas soporté tras los estimulantes primeros. Me recibió como quien regalará algo extraordinario y un dejo de su teletransportación cuando detenía el tiempo a capricho -ida, diría sino fuera porque caracterizar así ese estado en ella suena a poco. (Cansa esto. Repite rola, jeje. Perdón, Mr., las circunstancias identificaron música y voz con ella en tales condiciones. Sus líneas son para otra cosa.)
No había desperdició en la historia, desde que el hombre fue recibido por una pícara ingenua cuyos senos sin sostén se sugerían. Pasemos los episodios iniciales en el estudiado escenario -sillas que, para colmo estando en cuchillas nuestro artesano, miraban hacia cocina y biblioteca. -Lo dejo. Si quiere ir al baño es por ahí -dijo señalando el mismo pasillo por donde desaparecería, recostándose en la cama, que estaba al frente pocos metros allá. Ahora sin sueter ni tanga, dos botones de su blusa quedaron desabotonados y posó los pies para acariciar las piernas. -¿Cómo estabas segura de que entraría? -Ay, amor, parece que no me conoces, jeje. TOO MUCH. EN EL JUEGO, PRIMERO VINIERON LOS "MÍREME PERO NO ME TOQUE" Y DESPUÉS LOS "NO" DICHOS COMO ACICATE, AUNQUE EN VERDAD INTENTABA ESTABLECER UN LÍMITE. EL HOMBRE FUE IDEAL: SENSATO Y DE SUAVES MANERAS. LA HISTORIA ES MUY DELICADA EN ESA ÚLTIMA PARTE. PORQUE ESTÁ MUY EXTENDIDO EL MITO DE LA NEGACIÓN QUE ANIMA Y REALMENTE SUELE OCULTAR EL ABUSO. ESTA VEZ, SEGÚN SE OBSERVA, NO RESULTÓ ASÍ Y ELLA EN TODO MOMENTO PUDO DETENERLO, AÚN SIN EL EXPEDIENTE DE GRITAR A NUESTROS VECINOS. ¿PERVERSIÓN PATRIARCAL, DEBE LLAMARSE, PUES POR ESTA OCASIÓN ELLA ESTABA DE ACUERDO? ¿NOS TOCA POR IGUAL A HOMBRES Y MUJERES? NO, SIN DUDA. AQUÍ ESTAMOS INVOLUCRADOS DOS MACHOS, ASÍ YO NIEGUE MI PERTENENCIA AL GENERO EN ESOS TÉRMINOS.
Vuelvo al día, cuyos detalles me reconstuyó: -Ponte ahí -donde el carpintero trabajando la contemplaba. Hacía como si lavara platos y se estiraba para alcanzar algo con el talle semidoblado, que dejaba a la vista los muslos en su nacimiento. Luego revisó la tarea del hombre y así al agacharse su sueter abierto permitió apreciar los pechos insinuados, con morenos, enhiestos pezones. Finalmente fue a nuestra biblioteca y con quejas por mi desorden acomodó libros que había alebrestado a propósito y estaban en estantes altos. Tras unos minutos el carpintero fue al pasillo preguntando si podía pasar al baño y Corazón, atisbada, jaló aprisa la falda para esconder su sexo y destapar por completo sus piernas, con carita de ángel pecaminoso. -Ay, qué momento. Paladeaba el recuerdo e hizo un largo silencio que nos permitía a ambos imaginar las sensaciones que experimentó aquel hombre cada vez más familiar, cómplice, si bien los ases no pasaban todavía a su mano y quizá no lo harían nunca. La complaciente inmovilidad de ella le animó y se detuvo a unos pasos. -¿Me deja decirle que es usted muy hermosa? -¿Cree? -¿Puedo mirarla? -Si quiere. La describió con dulzura, palmo a palmo. -Se ganó un beso -dijo y fue hacia él. -Sin tocar, conste. Sino, grito y vienen mis vecinos. -Embelesada, recargó el cuerpo. -¿Qué hace? Le acariciaban los brazos cariñosamente. -Usted empezó. -Perdón. Ya no. Solo besar. Detuvo el minucioso relato para subrayar la clase de juego que había establecido. -¿Seguía allí, ¿ves? Entonces me apretó. "Déjeme", le pedí, porque eso hice: perdirle, nada más. Tomo sus piernas, cargándola. -No -rogó ella en tono de desmayo, que reprodujo para mí. -Sí -contestó él y la llevó a la cama, sentándose al costado. Caricias y alabanzas, más Nos como sino tuviera fuerzas o en verdad las hubiera perdido. -Mire cómo está. Nuestro hombre se refería al grueso líquido que se tejía desde el sexo de ella y la besó arriba y abajo. Corazón lo observaba, contestando con su respiración fatigosa y el insistente adverbio. Nuestro hombre procedió a desnudarse y a mi socia en locuras le gustó ese cuerpo. -Nada más cariñitos y besos. De nuevo juntos, por acto de magía él tenía un condón en la mano. -Entrar no, por favor. Si quiere lo masturbo. Volvío a besarla estando encima suyo sin que casi la tocara. -No. -Sí... Corazón jugaba a nuestras perversiones y ambos y su coprotagonista teníamos profundamente introyectados los roles que esta película denunciaba ya en 1986.
En la realidad jamas se ha ganado un juicio semejante, creo. -0- Con todo, mi pareja en fantasías sigue ahí, ahora tras la pantalla donde gustamos reproducirlas. Para entender qué tan única es Corazón cuando juega, basta un botón.
Escribí una sola, pequeña viñeta sobre ti, aunque fuiste gran pasión. No me lo permitía, como con otras muchas cosas, por respeto, cariño, pudor. Hoy nos rencontramos virtualmente y reclamas. La vía da pretexto para que vayas aquí. Uno muy pobre, pues el híper apenas existía cuando ya no hubo más. Sin reserva, puse como condición. Me pasas esto y debería ir algo de otra mujer, cuya obsesiva búsqueda te hizo intocable en meses durante los cuales eras una necesidad enfermiza.
Aquí eso poco anterior: Hasta
el psiquiátrico, decía la nota que una mañana dejé en el limpiaparabrisas de su
auto. No exageraba. Nos
buscamos sin conocernos, los iniciáticos encuentros entre otros y otras fueron
intención pura y la primera noche juntos me dejó muy claro cuán pájaro sin
mesura podía volverse. Ni
varias líneas de cocaína le producían tanta euforia como el escenario y
media hora antes estaba en uno. Llegó a la callejuela empedrada
buscándome y precisaba sin embargo voltear a los costados en procura de mayor
emoción.
Trepa a mi bólido si te atreves, decía sin decir, atisbando los ofrecimientos aventureros en una fila de hombres al paso. La lisonjearon y cuando iba a marcharme con la cola entre las patas, me detuvo. Como a otras mujeres,
sabiéndolo o no le vendía un exótico personaje y compró a ciegas
Su pequeño, hermoso cuerpo servía sólo para soporte de una encendida
imaginación. Así mi boca, mis manos, mi sexo, no bastaban y tuve que
introducirme en la fantasía a fin de cumplir el interminable apetito que
desde muy temprano me cavó el miedo.
Diez minutos después yo era el experto y ella la párvula, al menos en los
cursos de primaria. Los superiores, hasta el postgrado, estaban en su cabeza
entorpeciendo a ratos nuestro juego hasta la imposibilidad.
El doctorado cum laude lo recibió muchos años después en la procura del regreso
al escenario. Cuando vino a mostrármelo literalmente caí a sus pies a pesar de
la conciencia de que con él ella tocaba el infierno.
-0- ¿Por dónde empezar de veras, entre ocho accidentadísimos años? A la mañana siguiente lo olvido porque no nos haría bien y a cambio leo tu novela corta. Llevo pocas cuartillas, me gusta y sé que continuará haciéndolo. Historia tienes de sobra y si según tú el recato ganó, los trazos hieren insinuando un muy poco dócil mundo detrás. Te revaloras sin querer, creo, y eso para personas como nosotros no es cualquier cosa. El presente tiene entonces mucho que decir al pasado. -0- Hice bien en dejar el intento. Pasan semanas, seguimos sin vernos desde ¿2009? y nuestro esporádico trato virtual no da para el menor altercado. Concédeme razón en algo que gritando dije hoy: respeto puntillosamente el silencio sobre tiempos cuya intensidad, juntos o por aparte, daba para relatos de muchas clases, sobre todo los muy ácidos. Para despedirme me permito a la roquera a quien aludí.
Enganchado por la ira, Tú amenzaba convertírseme en obsesión. Pasa a esta Pasión y santo remedio. Antes se me prendió el foco sobre su extralimitado último comportamiento. Procuré una despedida que aliviara sin agredirla, al menos aparentemente. Le escribí: Venimos de mundos irreconciliables...
Eso, creo, obraba tras el natural desprecio con que remató nuestra breve historia.
Si viejo tuve Inesperada, Niña, Mía, Purple rain, Quien no pierde el estilo y anexas, cuál drama por su ida.
Como sea, reconozcamos: parecía la mujer perfecta... ¿igual que cada vez antes el resto? No. Ni mi Inesperada en tiempo real prometía un para siempre. -Es que era muy hábil -dicen las hermanitas. -Ni tanto -terció con quien hicimos un tramo de carretera rumbo al sur. -Qué mal te trataba. -¿Todavía antes de descubirle la trampa? -pensé asombrado. Por algo me autonombro El idiota, jeje. Habrá que concluir, pues: la factible mejor y la única mala. En su mayoría esas susodichas venía de realidades muy poco gratas. El origen, consecuentemente, ahora no resultó factor.
29 de octubre Milagro (Debió
ser un nocturno de Chopin y a don Glenn no le apasionaban. Así que va lo siguiente, a
contrapunto, se diría si fuera su primer movimiento y no este cuando el
tema por única vez... ustedes ubicarán ((realmente no encuentro qué;
pasen entonces al intermezzo.)
Nótese cómo comenzaba. Mis días tenían por costumbre estas cosas. Verán dónde terminé y concluyan.
Anoche y entre una video llamada con la Tic, obró el milagro. Fue casi como en mis sueños, que repiten este diálogo, bien saben aquí: -Nos queremos, ¿no? -Sí. Y es para todo la vida, ¿verdad? En
los sueños no hay edades, recordemos, y ahora tampoco, pensándolo bien,
aunque nuestros pasaportes indican cincuenta años de diferencia. Di con ella por accidente y enloquecí con su sentido simbólico. Era perfecto para que representará la revolución mundial. Solo
eso buscaba al citarla para vernos, juro, y solo eso se desarrolló en
el día juntos, primero codo a codo y luego a distancia. Entonces, a media noche, repetimos el diálogo con mejoradas variantes. No
llegarán los besos, aunque teme que no evitará la tentación. Yo sí,
pues por encima de todo está el amor, cuyo orden dirige, entiendo al
fin. Para
siempre, pues, escucharemos más intermezzos con don Glenn, entretanto
obra el segundo mandato: Láncense a la calle, hermanxs, tirando patadas y
sonrisas; es nuestra.
-0-
El sueño responde:
"Hoy,
por la mañana, fui a la escuela con prisa, queriendo [pidiendo]
regresar rápido a mi cueva; no quería estar allá, pero estuve, y no lo
quería porque sentía que tenía un pendiente en casa, algo que debía
atender, pero no lograba percatarme de qué era. Cuando llegué al salón
que estaba, por fortuna, casi vacío, tomé consciencia de que estaba
pensando en usted; ¿desde qué momento? No lo sé, pero ahora me daba
cuenta. Entonces, el pendiente que sentía que tenía, iba vislumbrándose
poco a poco: por alguna extraña razón, sabía que al regresar me iba a
encontrar con un mensaje suyo. ¿Diciéndome qué? No lo sabía, pero suyo, y
quería regresar en seguida para leerlo. Cometí el grave error de no
cargar la batería de mi móvil, con lo cual, la angustia por llegar a
casa se presentaba con más fuerza. Y ahora que he llegado, lo primero
que recibo al encender el movil es, como creí saber [o sentir], un
mensaje suyo. Ahora medito con más calma que, tal vez tenía ese
presentimiento porque era lo que, en realidad, quería."
De canción terminamos escogiendo la obligada:
Como se observa en esta Pasión, mi autenquísimo yo repetía para hablarle al amor de su vida.
¿Quiere decir que iniciamos una relación amorosa? No, es el cumplimiento de sueños cuyo transcurso dura minutos. Por eso la Tic lee esto sin alterarse. Hubo una Milagrosa, de horas y solo pasión carnal. Esto fue algo distinto y tomó el mismo tiempo. Más acá crece la hermandad. Gracias por tal maravilloso, vertiginoso viaje. Ya voy, amita. Vuelvo a nuestro calmudo tránsito. La joven pasa esta buenísima cosa.
Empezaban las concertacesiones, jeje. (Digo cosas así por despecho. En verda me conquistó para su música.)
1 de noviembre Anónima Ni
una palabra en estos lados hace tres días. Sino vinieron aquí ¿dónde
están?, ¿contigo? Sí y no se cuánto lo celebras o padeces, no importa
cuanto digas o cómo mires a este viejo cada vez más joven por culpa de
todo: la revolución mundial, tú, él tantito. Tan fácil y difícil. También quererte. ¿Imposible poner otra canción, siendo un repetido? Hay alternativas.
Y yo echando la casa por la ventana, jeje. (Porque se lo ganaba a pulso.)
Que estoy enamorado del amor, dice la Mal nombrada. Hoy no, juro. Bueno, forzozamente. Hace dos horas te previne: -Por ti voy a convertirme en canción. Pregunta de qué va eso, a T, digamos. -Un suplicio -responderá. Perdona, Anónima. No lo mereces. -Soy
el hombre más noble -alardeo bajando la calle donde dudan en creer a
mis palabras. -Mentiroso -añado para que vuelvan a sus cosas, pues llevo
con eso hace mil años, parece. ¿Cómo deshacerse del rito? Ve. Pongo una canción distinta y nada cambia. Doy
vueltas al asunto porque si contara a lo derecho nos salvaría y no
tengo permiso. ¿Te acuso de mantenernos en secreto? Qué va. You´re a big
girl, ni dudarlo. Tampoco yo miento: la última y mejor. Y aquí estoy, atormentándome. -0- Perdón, Anónima, disculpa, Tic. Hay un público a quien complacer. -¿Cúal? -pregunta la primera-, no veo a nadie atendiéndonos. -Este es un teatro sin butacas -le contesta mi Inesper y para ayudarla a entender, continúa. -Pálpate. -No siento nada. -Porque tú y yo somos personajes y no actores. -¿Cómo? -El Autista... -¿Quien? -Nuestro hombre -dice mirando hacia mí. -¿Sigo? -Sí. -Nos reinventa desde la azotea. -Estoy confundida. -Te
pidió leer sus cuadernos, en cuyo inició se lee, palabras más o menos:
Subió a la azotea que no abandonaría jamás para en sueños bajar a la
calle a hacer la vida. Repetido, llevo por tercer nombre. Toca, pues, que escuchemos.
Además de dramaturgo, aquí y afuera le hago al alumno. -Resúelvame la ecuación, profa -pedí a Anónima, y salió con está fórmula:
Si era timo, le salía a la perfección,
2 de noviembre Tangos -Si "veinte años son nada", menos cinco días, no importa cúan ricos resultaran -canto al regreso a Tic place. Mi
amita me recibe sin quejas. Su hombre se enamoró como el demente que
bien conocen ella y los demás, llevado a extremos inaudítos. Jamás
volé tan rápido, "mano a mano" con la Anónima, quien también toca
espléndidamente ese vals. Hubo dos momentos supremos. El primero, entre
camaritas, borró espacio y tiempo hasta un "para siempre" cuya
convicción habría burlado al detector de mentiras más eficiente. El
segundo, de tan maravilloso no puede contarse. Ni Discépolo haría ahora un "uno" como el mío, bien distinto al suyo, pues no hay aquí ayeres persecutorios ni dolor.
Chale, digo cuando el asunto se acabo, jeje.
Lo siento, don Enrique Santos, por única vez lo barrió Alfredo Le Pera:
-Vamos -dice la Inesper y mansamente voy tras ella. Toca de nuevo "volver" a la fantástica realidad. -¿Te quejas? Hoy conociste el auténtico placer -respinga ella. -Gracias, Anónima -agrega. -Eso deja una cruda horrible. Necesito más pa quitármela, jeje. ¿Jejes cuando tangeo? Solo ese, para no morir de tristeza. -Soñar con sueños que se cumplen, vaya estupidez -pienso. -Hazlo.
-Quien habla ahora es Anónima, escribo mintiendo. Sí, lo dijo, pero -a
tal punto grave el momento, que sale esa pendeja conjunción- tras la más
seria batalla que he dado. Siento una vergüenza como todo en los cinco días: de Me juego la vida. -Te arrinconé a lo fiera. No merezco que cedas, hermosa mujer. -Calla, por favor -responde. -¿Resulta que debo aprender a desconfiar de ti? Por respeto y amor a ambos, olvido los tangos.
Dale click si quieres. Lo que cuenta es la imagen. No hay más detestable papel que el de triunfador.
5 de noviembre Perdón, don Julio (¿Qué paso en los tres días anteriores para decidirme a poner esto? No recuerdo. Ya ni tiempo dio de musicalizarla.) Perdone,
sí. Su Maga es común y corriente al compararla con la mía, sin
mayúscula, quien realmente pertenece a otro mundo. Y no tendré la
osadía, espero entienda usted, de creer comprenderla. En
cuando al Capítulo 7, qué le diré. Sabe a poco. Mi dedo no
dibuja y así crea: descubre y no solo una boca cuyo misterio está
dentro, donde vuecencia resuelve el asunto a lo fácil y, macho, a final
de cuentas, con simplones "peces y movimientos vivos". Aplíquese,
querísimo, y vaya con Arriaga en 1546, como recomendaría un compatriota
suyo -un tal David Viñas-. Al Amazonas, pues, secreto menor comparado
con un sexo. PD. Por supuesto para Rayuela, como El Perseguidor y demás, conservo el adoratorio de mi casa.
Mejor enlisto las notas dedicadas. No están en orden cronológico, creo.